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07 enero 2012

Justicia & Sacrificio [Capítulo#O5]



Capítulo 05: ¡Alerta Escorpión! No eres más que un luchador rígido

Vaya que hacía calor, ya casi mediodía, en el desierto, y solo a él se le había ocurrido tomar su chaqueta, se la sacó al cabo de unos minutos bajo miradas atónitas de los demás turistas a su alrededor, vaya que todo era por culpa de aquella repentina lucha entre sonrojos contra aquella chica… ¿Por qué la recordaba otra vez?

Un niñito se acercó a él de entre la multitud, llevaba un periódico. Le compró uno e intentó leer. Sin embargo era prácticamente imposible, había un gran bullicio a su alrededor, personas tomándose fotos y turisteando, personas de igual manera en alguna especie de procesión religiosa sumado a la bulla normal que crea un mercado en alguna ciudad.

Caminó, intentando acercarse más al templo de Karnak, se le terminaba el tiempo y el calor era insoportable, pasando entre la gente escuchó de algunos que al parecer la entrada al templo estaba cancelada ese día, debido a que la desaparición de una de las sacerdotisas no había sido alguna manera de atraer más turistas.

Interesado e imposibilitado de moverse de entre las personas, abrió el periódico.

Accidentes de tránsito, alguna que otra nota de política…

“El pasado jueves, a altas horas de la noche las sacerdotisas del templo de Karnak hacían su labor normal en esta época del año, sin embargo, el grupo de sacerdotes que deben llegar al amanecer a inspeccionar todo, encontró desmayadas a las mismas ante el trono de la Diosa Maat que adoraban.

Una de las mismas había desaparecido entonces, junto a la estatuilla más valiosa de la Diosa, llenando de consternación a las autoridades concernientes. No hay rastro de quien o que se apoderó de aquella estatuilla y la libertad de la sacerdotisa.”

Definitivamente había algo extraño en todo aquello. Había algo entre la gente, podía intuirlo. Cerró el periódico y lo apretó con sus manos, dando media vuelta decidido a escapar de la gente que lo mantenía encarcelado.

Tropezó con algo, al bajar su vista se dio cuenta de que había sido con alguien. Un anciano.

-disculpe- dijo al mismo tiempo en que le ayudó a restablecerse

-Oh, no te disculpes hijo.- dijo aquel anciano entre balbuceos, anciano de piel de chocolate y ojos profundos, como el mismo desierto. Con sus ropas empañadas por el sudor y bajo un viejo sombrero de fedora de color marrón claro ocultando sus canas.

Milo ya tranquilo, enrolló su periódico y se dispuso a caminar, sin embargo la voz de aquel anciano lo detuvo en seco.

-eres un gran guerrero- pronunció el mismo –huyes de algo, pero llegará frente a ti, correrás, te ocultarás en la arena tal como sabes hacerlo, pero no será suficiente. Luego el dolor será tal, que preferirás llorar color escarlata con tal de terminar con todo. Eres un gran guerrero, pero no eres Dios, recuerda eso-

Milo se volteó con una velocidad impresionante. Quería localizar al anciano, no sabía por que razón se sentía tan intimidado, nervioso, como si aquella advertencia fuese verídica, y el por desgracia no supiese con exactitud por donde atacaría el enemigo. No obstante, una chica se acercó al anciano, tomándolo de la mano y llevándoselo con ella. Parecían ser parientes.

-siento si te incomodó, está enfermo y declama a las personas que consigue por todos lados- se excusó la chica de unos 17 años de edad. –Inventa historias, lo siento mucho- dicho esto, se llevó al anciano, que parecía estar sumergido en otro mundo, viendo a las personas de su alrededor.

Rayos, unas 12.000 veces más.



Flores blancas. Jazmines para ser más exactos. En el oasis de Egipto, a las orillas del Nilo, se da bastante el jazmín.  Llevaría algunas en agradecimiento a quienes lo hospedaron en su casa sin hacer tantas preguntas.

-¡Vaya! ¡Justo a tiempo!- dijo aquella chica que lo había despertado justo al perecer de la mañana, luego de abrirle la puerta.

-¿tiempo?-

-¡Vamos! Es hora de almorzar-



Ya en la mesa.



-Padre, ¿Cómo te fue en el trabajo hoy? ¡Has llegado temprano, por suerte!- dijo la chica, sentándose lentamente a la mesa

-La verdad tengo que ir esta noche, pero llegaré antes del amanecer, lo prometo.-

La cara de ella se entristeció un poco

-recuerda que no puedes excederte mucho, podrías…-

-lo sé cariño, no te preocupes.- dijo su padre -¡Además! No me pintes de enfermo inservible delante de la visita.- rió el hombre, a la par con su hija tiempo después

-¡Lo siento!- rió ella que volteó a ver a Milo, que comía en silencio algo apenado -¿sabes? ¡Descubrí que es alguien muy altivo!- bromeó ella, que estaba a su lado, dándole un leve golpe con el codo

Milo la miró sin entender muy bien

-También que puede estar alerta mientras duerme- agregó luego de dejar de reír –genial, ¿no?- tomo un poco de su jugo

-¡Hija! ¿Podrías ser más respetuosa? ¡Mira como lo has puesto!-

Jamás en mi vida podría enserio describir cuan cómico podría verse este peligroso caballero escorpión mientras sus mejillas estaban tiernamente teñidas de rojo. Otro punto en contra a él mismo en aquella situación además del encanto que comenzaba a tener hacia aquella chica era que no tenía buenas respuestas hacia aquella “manera de dormir” que ella decía que tenía.

“Lo que sucede es que el entrenamiento ha hecho que posea esa postura rígida incluso al dormir, y más aún cuando estoy en  plena misión”. No, claro que no podía decir eso. Solo debía quedar en silencio, claramente, nadie podría sospechar algo, ni siquiera imaginarlo. No tenía tan mala suerte… ¿o si?.

-Milo, me has dicho que vienes de Grecia, ¿no?- apuntó el hombre aun mientras ingería sus alimentos, el mismo asintió de inmediato algo animado -¡Aquí han llegado muchas leyendas desde allá!, ya sabes, Aristóteles, Platón, filosofía, mitología, historias y demases, Egipto y Grecia poseen una gran relación, sin embargo, algo que me llama mucho la atención de Grecia es que dicen que en Athenas existe un santuario ateniense, en el que existen caballeros de la mismísima reina diosa-

La respuesta es sí, si tenía mala suerte.

-¿Enserio? ¡No puedo creer que dicha leyenda se haya difundido tan lejos!- respondió Milo disimulando su nerviosismo

-lo cierto es que es bastante increíble, sin embargo, se que los Dioses nos protegen, a pesar de todo. Así que…-

-tiene un porcentaje de creencia, ¿no?, la verdad he oído de ellos, si ha llegado hasta aquí es obvio que es algo muy hablado en Grecia.-

-Lo imagino… ¿Cómo decía aquella historia?- dijo el padre de la chica pensando, mirando hacia el techo como si en el mismo estuviese escrito aquello que quería recordar –oh si, decía: “Podían desgarrar el cielo y con un solo puntapié… abrir grietas en el suelo”-

-¡Usted bien podría narrar alguna historia en la radio!- elogió Milo astutamente.

Todos rieron.


La cena terminó rápidamente, el padre minutos después se despidió de su hija y partió hacia el trabajo, la misma regresó hacia la mesa y se encontró con Milo comenzándola a levantar.

-a ver, no creo que sea necesario que hagas eso, tienes manos de guerrero, insisto- sonrió ella acercándose para tomar ella los platos

-todos me atribuyen ese cargo, ¿qué no parezco alguien normal?- bufó él, mientras ella tomaba sus manos para apartarlas de la vajilla

-de hecho no- dijo ella que lo miró fijamente a los ojos a Milo –no… se tu nombre- agregó

-yo tampoco.- sonrió él –es decir, yo tampoco se tu nombre-

-Zahra- sonrió ella –casi como el desierto, creo que significa algo como flores o algo por el estilo-

-lindo nombre- dijo él apartando sus manos

-¿y el tuyo?-

-Milo… algo así como continentes desaparecidos o eso creo-

Ella sonrió

-esplendido-




La verdad su estadía comenzaría a crearle alguna clase de trauma, estaba completamente seguro de ello. Luego de ayudar un poco a Zahra y hacerle compañía se dirigió a su habitación, ensimismado en pensamientos, dudas, y toda clase de tonterías abrió la puerta de la habitación en que se hospedaba, ya comenzaba a oscurecer.

Tendría entonces, que esperar hacia la llegada de Saori con sus compañeros o la aparición de Kiki para enviar información. Comenzaba a atar cabos, trazarse metas, si todo fue tan preocupante como para detener las visitas turistas, tendría que añadir aquello a la lista de pistas. El santo escorpión sentía que algo se le escapaba de las manos, tenía un presentimiento.

Había estado ocultando su cosmos desde que llegó, sin embargo, todo había sido tan pacifico desde que piso tierras egipcias que, sencillamente era algo que lo comenzaba a inquietar. Sintió algo, claro que si, lejano, perturbando cada esquina por la que el asistía, bañando, impidiendo la tranquilidad total cual cortina oscura sobre la ciudad. Un cosmos maléfico. Sin embargo era algo fijo, casi infinito. Como si el mismo cosmos lo compartiesen miles y miles de insectos y se paseasen invisibles por el lugar. Era tan inquietante, fuerte y tan débil a la vez, como el acompañamiento de licor en algún pastel.

Se acercó al armario de aquella pequeña habitación, y dentro del mismo divisó el saco que cubría la caja de pandora de su armadura de oro. Todo estaba tranquilo… no, algo andaba mal, podía percibirlo.

Tocaron la puerta, él la abrió. No, no era hacia su habitación en donde habían tocado. Un poco confundido bajó lentamente las escaleras corroborando que todo estuviese en orden, vio a Zahra acercarse a la puerta y abrirla. Dio media vuelta para regresar a su habitación…

-¿Qué… es…?- escuchó claramente de Zahra, su voz se entrecortó. Ahí en ese mismo milisegundo sintió un extraño y fuerte olor, a la par de un cosmos horripilante. Abrió los ojos más de lo normal, saltando desde donde se encontraba hacia el suelo fijo, para ir en dirección hacia la chica.

La misma con una mirada atónita miraba hacia el frente, casi a punto de soltar un desgarrador grito, sin embargo, casi en un acto quizás de nerviosismo no soltó más que un gemido que de confusión. No podía siquiera creer lo que veía frente a ella, ¿qué era aquello?

Milo casi tan rápido como un relámpago se acercó a ella tomándola de la cintura hacia él, la llevó rápidamente tras su espalda y miró directamente al enemigo. Había algo familiar en él, ¿Qué era? Zahra continuaba completamente impactada, detrás de la espalda del chico que comenzaba a dar pequeños pasos hacia atrás.

El olor era tan intenso.

-no lo inhales directamente- le murmuró Milo a la chica, la misma continuaba completamente congelada, al sentirla de aquella manera reflexionó en que quizás ese shock no se le pasaría tan deprisa como necesitaba. 

Necesitaba hacer algo, pero su armadura estaba en el segundo piso. Maldición, ese cosmos era tan inquietante, subir al segundo piso era algo claramente difícil.

Dio un rápido vistazo hacia las escaleras, estaban a unos metros, a mano izquierda. Volvió su vista hacia el frente, aquel extraño ser se movió hacia adelante, abrió sus ojos más de lo normal, no lo vió moverse, ¿cómo es que ahora estaba tan cerca?.

-cariño… ¿por qué estás tan asustada?- susurró aquel ser, su voz era distante, parecía que provenía de dentro de un tubo de metal, a su vez, podía escuchar lamentos… lamentos como si personas estuviesen agonizando. Zahra cayó de rodillas. Milo giró de inmediato hacia ella.

-mamá…- pronunció. El santo de escorpión apenas pudo siquiera responder algo, ya que sintió como hacia él venía una fuerte ráfaga, tomó del brazo a Zahra y corrió escaleras arriba, sintiendo como la pared del pasillo al parecer era destruida tras un fuerte sonido. Levantando a la chica en brazos corrió escaleras arriba, la chica iba llorando, aún shokeada.

-¡Zahra tienes que oírme! ¡Eso no puede ser tu madre! ¡Por favor reacciona!- gritó completamente consternado. Dejó caer a la chica al suelo con suavidad y a la vez rapidez, mirando hacia ambos lados, recobrando conciencia de donde se encontraba y hacia qué habitación debía ir. Sin embargo sintió fuertes pasos detrás de él. Volteó abrazando a la chica. Aquel ser estaba cerca otra vez.

Parecía una mujer, una preciosa mujer de piel de melocotón, cabello muy parecido al de Zahra y ojos castaños, sin embargo, su piel era tan… falsa. Como la de una marioneta, tenía en el rostro una sonrisa marcada, retorcida, como si a un cadáver le hubiesen cocido la piel para intentar forcejarle una sonrisa. Su cabeza estaba levemente caída hacia un lado, como si la misma fuese una pieza a punto de caerse por el peso.

Daba pasos morbosamente lentos hacia adelante. Tenía una especie de vapor saliendo de sus manos, quizás de ahí provenía tal sonido. Zahra tomó su cabeza temblorosa, Milo seguía expectante entre que hacer o no. Estaba completamente limitado. Se acercaba un paso, aquel ser se acercaba otro paso más.

-tápate los ojos- le dijo Milo al oído, ella apenas parecía oir -¡Tápate los ojos! ¡Ya mismo!- dijo algo exaltado, tomando una de sus manos y posándosela sobre su rostro. La chica se colocó ambas manos en su rostro, y Milo la tomó con más firmeza, era hora de contra atacar.

Miró fijamente a su adversario.

-¡Restricción!- apuntó con voz fuerte, lanzando ondas circulares de cosmos hacia aquel ser, mientras sus ojos brillaban de color naranja por algunos segundos, con aquello pretendía intimidarlo y así tomar un poco de tiempo para llegar hacia su armadura. Cargó entre sus brazos a la chica y corrió en dirección hacia aquel ser, si la restricción había funcionado, podía pasar, si no era así, tendría que encajarle una aguja escarlata para derribarlo. Era un acto peligroso, tenía a la chica en brazos, tenía que atacar y defenderla a la vez.

Pasó frente al enemigo, el mismo parecía solo estar inmóvil, sin embargo, al dejarlo a sus espaldas lo sintió moverse nuevamente, con tanta rapidez como lo hizo anteriormente, y nuevamente atacó. Directamente a la espalda del escorpión.

-¡Maldición!- gritó Milo, sintiendo calor en su espalda, eso sumado a un ardor insoportable. Se volteó quedando contra la pared de la habitación que necesitaba, justo a unos centímetros de la puerta. Soltó a Zahra y le volvió a repetir que permaneciera con sus ojos sellados. Dio dos pasos hacia adelante y concentró su cosmos mirando con determinación al enemigo, que seguía gimiendo, y acercándose con morbosidad.

-¡Aguja escarlata!- gritó, apuntando con su dedo índice, directo hacia tres puntos clave de las extremidades bajas de aquel extraño ser. De inmediato chorros de sangre y gritos con eco salieron de la boca del monstruo, mientras el mismo caía de rodillas.

Lloriqueaba como una mujer, pero su cosmos era sencillamente fantásticamente malvado.

-¡Hija! ¿Dejarás que me hiera?- gritaba, Zahra se tomaba aun más la cabeza con sus manos, cerrando los ojos con fuerza. Milo volvió a encestarle tres agujas más.

-¡¿Quién demonios eres?!- gritó

-Mamá solo quiere ver a su pequeña hija preciosa- decía aquel extraño ser, que arrodillado debido a la fuerte presión proveniente de las 6 agujas escarlata que poseía ahora en su pecho y piernas, gateando lentamente, sangrando intensamente.

Milo levantó su mano derecha nuevamente, apuntando peligrosamente cual escorpión preparándose para picar a su víctima. Eso pareció enfurecer a aquel ser.

-¡¿Quién te crees que eres para apartarme de mi hija?!- gritó, levantándose entre lamentos más escalofriantes y el encender de su cosmos más fuertemente. Verdaderamente espeluznante. Apuntó hacia Milo extendiendo ambos brazos en línea recta frente a sí mismo. Y gritando soltó más gas de ese que expedía con fuerza. Llegó hacia Milo en facciones de segundos, en los que él, abrió la puerta empujando a Zahra hacia aquella habitación, no logró huir del todo, ya que su brazo derecho terminó amortiguando el ataque. Sintió como su piel quemaba… ardía.

El monstruo comenzó a acercarse nuevamente, repitiendo el nombre de Zahra. Milo se levantó con lentitud, sin embargo, el dolor era muy fuerte, su mano parecía además adormecida. Maldecía entre dientes, su vista se volvía nublada, volvía a maldecir, si tuviese su armadura aquellas heridas no fuesen la gran cosa, es más, quizás ni siquiera aquel vapor lo hubiese afectado.

Sus sentidos comenzaban a traicionarlo.

El monstruo levantó nuevamente sus manos, apuntando hacia Milo que no podía moverse. Preparó su gas… que saldría en 3… 2… 1…



¡Plasma relámpago!







-¿Qué sucede Milo? ¿El estar tanto tiempo sin armadura te ha hecho más lento?-

Aioria…

To be continued

17 noviembre 2011

Justicia & Sacrificio [Capítulo#O4]

(Karnak, Egipto)


Capítulo 04: Sonrojos & Alcohol


La vida es una caja de sorpresas, he llegado a creer que la caja de la bella Pandora es similar a la irónica vida que nos es concedida al nacer. Es tan hermosa, mágica, efímera, y especial, el sabor de la vida terrenal es sencillamente inexplicable, tiene tantos sinónimos pero tan pocas definiciones exactas.

Seiya y sus amigos siguieron el trayecto luego de encontrarse con Shaina con rapidez y silencio, recordar a camaradas muertos en batalla no ha sido fácil nunca, y aunque ya son considerados caballeros fuertes, esa clase de cosas no se ‘superan’ aunque seas el más fuerte y temido de la tierra. Los sentimientos siguen ahí, aunque sean una bendición para unos… y debilidad para otros.

Caminaron hacia un pasillo luego de llegar al santuario luego de que se lo pidiese uno de los guardianes del lugar, un poco confundidos por la complejidad y alto número de pasillos, cruzaron el ambiente silencioso apresuradamente

-no sabía que este lugar existía aquí- dijo Hyoga que veía a su alrededor atentamente, enormes paredes los rodeaban, paredes blancas y suelo liso. Era casi una réplica exacta del Partenón griego frente a sus ojos, tal y como fue en la época mitológica.

-si te hace sentir mejor, yo tampoco tenía idea de que existía- dijo Seiya al momento en que Hyoga acabó de hablar

-si no lo sabías tú, que te entrenaste aquí, eso quiere decir que quizás es un lugar prohibido o secreto- señaló Shiryu

-gran porcentaje del santuario está prohibido pisar- dijo Seiya recordando no muy lindos recuerdos –aun cuando estas siendo entrenado aquí, la curiosidad me ha enseñado muchas cosas de este lugar- acabó sonriendo forzadamente. Sus amigos rieron ante aquella última afirmación.

Pronto acabaron de cruzar el enorme pasillo, llegando a lo que parecía ser el patio central del lugar, rodeado de columnas, y en el centro, con un enorme espacio que carecía de techo. El sol que comenzaba a ponerse más intenso por el transcurrir de la mañana bañaba la parte central del lugar, y justo al fondo, en una especie de balcón, divisaron a Saori, con la mirada hacia el horizonte, y su inseparable y precioso vestido blanco.

Ellos llegaron a unos metros, y subieron sus miradas hacia ella, que luego de mirarlos con impresión, sonrió alegre de verles de nuevo.

-han venido mucho más rápido de lo que creí- apuntó bajando las delicadas y enormes escaleras que estaban a un extremo de aquel balcón

-somos tus caballeros- respondió instantáneamente Seiya que cruzó miradas directas con ella al tenerla en frente. La misma sonrió nuevamente y miró a los demás

-se los agradezco mucho, vamos chicos, dejen esas pesadas armaduras de lado, aún hay cosas que decidir.-


*

Una gota… se escurre desde su frente, bajando por uno de los costados de su nariz… viaja a través de su mejilla y se oculta tras su cuello.

Otra gota, viaja directo a través de su sien.

Una gota más, recorre el viaje marcado por la anterior.

¿Puedes recordarme? Sabes que no soy la sombra que morirá cuando le de lleno un rayo de sol la amenace.

Somos casi uno mismo…

Otra gota.

¡Una gotita más! ¡Huele a alcohol!

-¿No piensas despertar enserio? ¡Increíble!- una voz femenina, parecía estar más cerca que la voz que escuchó anteriormente, al parecer entre un sueño. Llevó ambas manos hacia sus ojos, frotándolos y así quizás recobrando la conciencia. Entonces risitas femeninas similares a dulces campanadas se abrieron paso por el lugar, no era un sueño, alguien más estaba en aquel lugar… y él creía saber quién era.

Se levantó del sofá en el que había estado recostado, divisando nuevamente la modesta casa en la que había decidido quedarse luego de llegar a Egipto, era de una familia aunque no pobre, pero si de clase media, era reconfortante el lugar, muy familiar, y la verdad, muy occidental, así que no se sintió extraño.

Al restablecerse por completo, divisó a la chica que se encontraba frente a él, de tez de melocotón y cabellera castaña rojiza, puntas irregulares hacían bucles solo al final de su cabello, el mismo que era lacio, parecían ser pinceladas hechas por algún pintor amigo de Miguel Ángel, ya que sus ojos dulces y determinados lo veían de tal modo, que no sabría decir que era exactamente lo que le llamaba tanto la atención de ella, si solo sus ojos o toda ella.

Sin embargo, aquella atracción creada hacia ella era quizás momentánea, acababa de conocerla, y él sabía disimularlo, o eso creía. Es un escorpión, son tan predecibles como algo oculto detrás de un muro de cristal pulido, brillante y transparente.

-¿Qué tal dormilón?- sonrió la chica, que hizo brillar el delicado color carmín de sus labios
Sonrió y se volvió a frotar los ojos.

-¿rociaste vino en mi rostro?- dijo al cabo de unos segundos

-veo que tus sentidos están muy bien desarrollados- dijo ella sin dejar de sonreír coquetamente –podría jurar que cuando me acerqué sigilosamente a ti al verte ‘dormir’ parecías estar en guardia a la vez-

El volvió a sonreír, se levantó del sofá, y reposó una de sus manos en uno de sus bolsillos, si, el del pantalón de gabardina negra que llevaba puesto, además de una camisa negra un poco ceñida a su cuerpo de igual color. Se veía alto e imponente, su mirada clavada en aquella chica era tan… extraña. La chica podía percibirlo, pero no sabía si era por el simple hecho de que la presencia de él era tan extraña… única.

-solo dormía- apuntó tras unos minutos en aparente silencio otra vez.

-sí, sí, eso parecía- dijo ella de manera pedante, ladeando su cabeza sin dejar de mirarlo a los ojos, el percibió su burla al instante

-¿y es acaso un habito tuyo hostigar a personas mientras duermen?- dijo el de ojos azul grisáceos, la chica sonrió aun más maravillada con la exageración marcada hasta en las delicadas y masculinas facciones de su rostro

-¿hostigar? ¡oh, no sabía que el levantar a alguien que se ha quedado dormido se llamase actualmente así! ¿Sabes? Le dijiste a mi padre que necesitabas salir temprano en la mañana y pues… ya falta poco para el mediodía.-

Milo abrió sus ojos más de lo normal.

-¿Poco para mediodía dices?- se apresuró de inmediato a tomar su chaqueta negra junto a el en el sofá y caminó hacia la salida de la casa, la chica un poco confundida lo siguió con su mirada.

-¿Qué cosa tan urgente tienes que hacer?- dijo siguiéndolo, Milo se detuvo justo frente a la puerta de la casa, cerrando los ojos. Debía buscar una buena excusa.

Si, como sospechan. El mismo andaba sin armadura y escondiendo su cosmos para evitar ser encontrado, luego de divagar lo suficiente, se enteró de que en Egipto había caballeros también. Debido a que no sabía si eran del bando de los enemigos o aliados, prefirió entonces escabullirse entre las personas normales y recopilar rumores. Lo que sugiere que la chica que lo acompañaba en aquellos segundos desconocía que el mismo era un caballero ateniense.

Por ello, debía buscar la excusa perfecta.

-Voy a… tengo que buscar algo que me encomendaron.- si, vaya que era un imbécil, de seguro ella preguntaría qué demonios iría a buscar

-¿qué cosa?-

Perfecto. ¿Qué sucedía? ¿¡Por qué actuaba como un autentico idiota!?

-¡Hey!, te estoy hablando- dijo la chica entre risas, al parecer el disfrazado caballero escorpión se quedó divagando por mucho tiempo

-¿qué es tan gracioso?- se giró Milo en un rápido movimiento hacia la chica

-nada, nada, vuelve pronto, habrá un rico almuerzo, tienes dos horas para llegar a tiempo.- sonrió ella, y con el jarrón de vino que tenía en ambas manos, se dirigió entonces a la cocina, dejando al atónito Milo ahí parado como un niño.

Esa era en las clases de situaciones en las cuales el entrenamiento no servía de nada.

Y bien, salió de la casa no porque ella se lo hubiese ordenado si no porque debía hacerlo.

¿Por qué debía salir entonces tan temprano? La respuesta es sencilla, justo como le había informado al pequeño Kiki al verlo hacía un día, había escuchado que existían caballeros en la región, y que además una figura había desaparecido en uno de los templos de la ciudad, había aquella circunstancia creado un revuelo en el lugar, ya que, luego de ello siguió el secuestro de una de las sacerdotisas del templo.

El tempo sagrado de Karnak era el epicentro de aquel problema.

Milo entonces había escuchado que temprano en la mañana, comenzaban las celebraciones  y cultos en el lugar, esperaba encontrar más información yendo de manera de turista. Sin embargo todo se le había ido pronto de las manos al quedarse dormido repentinamente.

A aquel asunto no dejaba de darle vueltas, es decir, dormir es natural, pero quedarse dormido sin razón evidente, estaba claramente acostumbrado a tardar hasta semanas sin dormir lo suficiente, y sus energías no habían sido absorbidas por alguna pelea aun, ¿Qué era lo que sucedía entonces? Pareció que solo calló en aquel letargo por arte de magia. Repentinamente.

Pronto, luego de caminar unas dos calles bien pobladas e impresionantemente industrializadas, con pavimento y demás, comenzó a oler nuevamente aquel olor que percibió desde que llegó al Cairo, ese olor a arena, sangre eterna, y esos susurros del pasado en el viento, divisó aquella enorme edificación de piedra caliza y color marrón desteñido, que parecía ser solo un capricho histórico que no cedía ante el deterioro o la erosión. Ahí tan imponente rodeado de esfinges que simbolizaban al dios Amon y miles y miles de peregrinos frente a él se encontraba el templo de Karnak. 




to be continued

24 octubre 2011

Justicia & Sacrificio [Capítulo#O3]


Como cada canción entonada a orfeón bajo la lluvia que creó Athena sobre la tierra al llorar de dolor, 
como su rocío hizo danzar rosas, y renacer el alma de los guerreros. 

*
Las rosas rojas, son rosas de culpa. 
*


Capítulo 03: Delirios y olor escarlata


Era un olor metálico, clara estaba aquella certeza de que era una mezcla de olores a inciensos y sangre, pero… ¿por qué olía tanto a sangre? ¿Por qué todo estaba completamente oscuro?

Yo soy el Ayer y conozco el Mañana. Soy el dueño de renacer por segunda vez, misterio del alma, creadora de los dioses y productora de los alimentos para quienes acceden al oeste del cielo, timón del este, Señor de las caras que ven por su resplandor, Señor de la resurrección que sale de las tinieblas.

-Shun… ¡Shun! ¡Levántate! ¡Puedes hacerlo!-

Aquella era una voz femenina, llamaba a Andrómeda… a Shun de Andrómeda, pero él estaba inconsciente quien sabe donde… un momento, ¿de quién es la voz femenina? ¿Por qué lo llama?

-Ikki…- murmuró entonces Shun, que comenzó a sentir de nuevo, y como si estuviese despertando de un letargo bastante largo, extendió su brazo, adormecido entre las tinieblas que se reflejaban de lleno en sus ojos sellados, fue entonces cuando se dio cuenta que estaba desplomado boca abajo sobre el frío suelo, y que de sus manos provenía el olor metálico y sangriento.

Abrir los ojos, tiene que abrir los ojos.

Pero no hay modo de lograrlo.

-¡Shun! ¡Despierta!- continuaba gritando la voz femenina

-Hermano- volvía a agonizar Shun. ¿Qué era todo aquello? ¿Por qué estaba tan oscuro?

-Shun, si de verdad es lo que prefieres… es lo que haré, después de todo, nadie regresa de La Duat con vida-

¡Espera! ¿¡Qué estás a punto de hacer!? Porque… ¿Por qué hay tanta desesperación de por medio?.


*


-¡Shun! ¡Shun, despierta!- ahora no era una voz femenina, era una voz masculina y bastante conocida, pero no tenía ganas de abrir los ojos. Hasta que aquel que lo llamaba insistentemente golpeó su cabeza con fuerza media. Uno de los ojos de jade se Shun se abrió, seguido del otro.

-¿Porqué actúas tan extraño?- gritó el responsable del golpe, Seiya

-¿¡Y tenías que despertarlo de manera tan grosera solo para preguntar eso!?- inquirió de manera sarcástica Hyoga

-¿Estás bien?- le susurró Shiryu, Shun asintió de inmediato y con lentitud

-Bien, ¿ves? Es un caballero, un golpe como ese no puede ser mucho- dijo Seiya

-¡Basta de fanfarronadas Seiya! ¡Cállate y deja hablar a Shun!-

-¿Porqué no te callas tú primero?-

-¡Estoy tratando de descubrir que es lo que le sucede a Shun!-

-¿Y qué crees, que yo no quiero saberlo?-
-¡Para enterarnos primero deben callarse los dos!- sentenció Shiryu, fue suficiente para que Hyoga y Seiya dieran por ‘terminada’ aquella pequeña riña de niños de primaria. Entonces Shun se vio en el interior del Jet privado de Saori, recordó que lo habían abordado minutos antes de quedarse al parecer dormido. Se restableció sobre su lugar, y ante el escrutinio de sus amigos, Seiya y Hyoga en los asientos delante de él y Shiryu a su lado izquierdo pensó bien en qué diría. Pero era algo, ¿Cómo decirlo? Difícil, ni siquiera él sabía que era lo que sucedía.

-Nada- susurró finalmente

-¿Cómo que nada? ¡Estás bastante callado!, es algo…- comenzó a decir Seiya –extraño-

-Él tiene razón, ¿estás seguro de que nada te sucede?- dijo Hyoga

Shun viró su vista hacia la ventana que se encontraba a su lado.

-Estoy preocupado- apuntó seguro de que los chicos lo malinterpretarían. Por ello soltó un suspiro de resignación.

-¿Es porque no has visto a tu hermano?, estoy seguro de que está bien- dijo Seiya inmediatamente, seguro de que esa era la razón

-exacto, recuerda que no le gusta estar en grupo, quizás por eso no llegó a la fundación, probablemente esté yendo a Grecia, ¡Quizás esta en Egipto!- señaló Hyoga, sin embargo, fue interrumpido sorpresivamente por Shun

-No tiene nada que ver con mi hermano… quizás lo implique tanto a él… como a ustedes, pero no estoy preocupado directamente por él-

-¿Qué quieres decir con que nos implique también?- cuestionó Shiryu

-No sé, es una certeza extraña, tengo la impresión de que algo sucederá- respondió Shun

-¿No puedes ser más preciso?- intervino Hyoga

Shun negó con su cabeza.

-Quizás sea la intuición de caballero- dijo Shiryu, -es natural en todo caballero, no debemos ignorarlo, lo más probable es que sea un mensaje.-

-¿Mensaje?- inquirió Seiya

-Sí, de todos modos, solo queda llegar ante Athena y saber qué es lo que sucede exactamente.

Silencio, se abrió paso luego de haber terminado aquella acalorada polémica. En los minutos siguientes Shun solo se limitó en silencio a ver la ventana, Shiryu leer un libro, Hyoga divagar y Seiya en dormir.

Kiki había ido en otra dirección luego de que ellos tomasen el Jet Privado, usarían su don de la teletransportación para así traer la información desde Egipto. Una vía bastante llena de riesgos, pero la más inmediata y necesaria. Shun pensaba claramente en demasiadas cosas, entre ellas, al igual que sus amigos, no entendía en lo absoluto la razón por la cual Kannon al parecer estaba otra vez entre los caballeros de Oro.
Para colmo, vistiendo las armaduras de Géminis, ¿qué era aquello? ¿Una broma de mal gusto? O quizás simple y sencilla piedad, misericordia por Athena.

Tal es el amor entonces de Athena, que perdonó a quien quiso asesinarla solo por odio. Clara evidencia de que la mejor arma contra el odio… es el amor.



Era temprano por la mañana. Ellos habían abordado el Jet al anochecer, razón por la cual estaban bajándose del mismo y pisando tierras griegas justo esa mañana. Llegar al santuario tomaba unos minutos luego de que se llegaba a Atenas, sin embargo, el medio de transporte que por suerte tuvieron, les dejó bastante cerca del santuario.

Caminaron con las cajas de sus armaduras a paso rápido. Seiya veía a su alrededor con nostalgia, aquel sentimiento creció cuando llegaron a la cuidad que rodeaba el santuario. Saludaba a quienes se interponían en el camino, hasta que vió caer una rosa de color rojo en el suelo.

Calló una, luego otra. Quien las traía había tropezado, por el porte de aquel, arrojaba a que era una mujer, una mujer que Seiya conocía perfectamente.

-Vaya vaya, Seiya- dijo aquella mujer, vestida de guerrera, que ocultaba su rostro bajo una máscara de porcelana. El mismo sonrió al momento en que recogió las rosas, al mismo tiempo, los chicos se detuvieron

-¡Shaina!- dijeron a coro los tres, Seiya le entregó las rosas nuevamente a la misma

-veo que eran ciertos los rumores de que serían llamados- dijo Shaina

-Sí, hemos venido de inmediato- respondió Seiya -¿A dónde llevas esas flores, Shaina? ¿Acaso por fin dejarás tu amargura de lado?-

-Son para Casios, Seiya- dijo Shaina casi automáticamente, luego de que Seiya acabara de pronunciar sus palabras.- espero que no terminen muertos tan repentinamente como su regreso- añadió, y continuó con su camino.

-¿A qué te refieres?- dijo Hyoga

-Nos veremos después- dijo la misma, desapareciendo entre la gente de aquel pequeño pueblo. Seiya alzó su mirada al cielo, completamente seguro de que, el camarada Casios, alumbraba el camino de los caballeros y Shaina en cada pelea desde su estrella.

Entre amargos recuerdos y pesares, continuó junto a sus amigos.

Esa era la vida que él había escogido, la vida de un caballero. Allí había pérdidas dolorosas y ganancias gratificantes. Era una guerra contra el destino bravío.

Paredes imponentes, edificaciones antiguas. Habían llegado por fin al santuario.


*




To be continued...

21 octubre 2011

Justicia & Sacrificio [Capítulo#O2]


Capítulo 02: ¡Brillante! Reunión dorada en los aposentos de Athena


No había escena más cómica quizás, Kiki a la cacería certera de una galleta mientras el amargado Thatsuki gritaba histéricamente peor que un bebé recién nacido. Seiya al ver aquella circunstancia no pudo evitar desplomarse en carcajadas, Hyoga se llevó ambas manos a su boca reprimiendo risas mientras la mirada seria y apenada de Shiryu y los ojos curiosos de Shun veían todo sin creerlo.

-¡Kiki!- gritó Seiya luego de recobrar su respiración habitual, acto seguido, el pequeño amiguito desvió su mirada de la galleta encontrada, hacia los recién llegados caballeros de bronce. Claramente, la sonrisa de burla que tenía Kiki cambió totalmente, dando paso a un rostro completamente de nerviosismo.

-¿sucede algo?- interrogó esta vez Shiryu

-Athena me ha enviado a buscarles- dijo Kiki

-¿Buscarnos? ¿Qué sucede?- cuestionó de inmediato Seiya, tan impaciente como siempre. El pequeño Kiki guardó el resto de su galleta en el bolsillo, y ante el escrutinio preocupado del mismo Thatsuki y los chicos, comenzó a explicarles todo detalladamente.

Todo comenzó hace dos días…
Había sentido entonces un extraño cosquilleo en mi estómago, estaba de regreso al santuario junto al maestro Mu. Sospechaba en que algo extraño sucedería, días previos a que me dijese que regresaríamos al santuario había desaparecido como siempre lo hacía. Treinta y tres días fueron en total, cuando regresó si lo sentí un poco… impaciente, por decirlo de alguna manera. Con el maestro Mu es difícil saber qué es lo que sucede, ya que, es difícil verlo descompuesto o frustrado de alguna u otra forma.
Al llegar, nos encontramos con Aioria, estaba sentado en una de las enormes rocas que rodean las doce casas, a unos metros de la casa de Aries. El mismo dijo que Athena había solicitado la presencia de los caballeros de oro en su aposento, el rostro del maestro no se vio muy impresionado.
Lo siguiente minutos fueron aburridos, luego de ir por Aldebaran de Tauro los tres caminaron hacia la morada de Athena. Comentaron sobre aquel extraño cosmos y que de seguro  inquietaría hasta a los seres humanos normales. Aldebaran repitió varias veces que temía por la vida se Seiya y los demás sin embargo el maestro le decía que no exagerara, que quizás había algo que hacer.
No entendí muy bien la conversación, para ser sinceros, no les estaba prestando atención.Sin embargo, cuando llegamos a Athena, no pude evitar poner la atención concerniente, allí estaban el Maestro Donkho, Shaka de virgo… y nada más ni nada menos que Kannon vistiendo las ropas doradas de Geminis.

Athena con un rostro de preocupación, sonrió y agradeció la presencia de los caballeros.-Agradezco de verdad su disposición.- dijo, parecía estar consumida por alguna extraña oleada de sentimientos –lo primero que les agradecería, es dejar el santuario en segundo plano, se que nada acecha al mismo-
-¿¡Cómo puede estar tan segura!? Con todo respeto, deberíamos tomar medidas para su protección- inquirió de manera casi automática Aioria, Saori miro por unos segundos al caballero de Leo y soltó un suspiro.
-Agradezco de verdad su disposición- repitió
-Considero, que Athena puede tener entonces, algo pensado, ¿no es así?- intervino Kannon
-Debido a eso Milo ha sido enviado a Egipto- rectificó con voz de sermón Shaka, mientras los demás caballeros guardaban silencio. El maestro Mu parecía estar ahí solo para escuchar, no se preocupó siquiera en detener las quejas de Aioria.
-¿Qué es exactamente lo que sucede entonces?- volvió a interrogar Aioria, los demás caballeros guardaron silencio.
-Como caballeros de oro, deben estar enterados, de que como yo soy la reencarnación de Athena, y tengo la responsabilidad de velar por la justicia en este mundo junto a los caballeros, e Hilda es la guardiana de las tierras de Odín, existen otros entes en este mundo, qué están predestinados a existir por su justicia y equilibrio- recuerdo que comenzó a relatar luego de algunos segundos Saori, los caballeros la escuchaban atentamente. –Este cosmos que sentí, al igual que ustedes, de una fuerza descomunal en un estallido total, no fue más otro de esos entes, estoy totalmente segura de ello-
-¿sabe exactamente de quién?- cuestionó de manera respetuosa Aldebaran
-Por desgracia no- respondió Athena –no obstante, tengo mis sospechas al respecto, debido a eso, encomendé a Milo de Escorpio una exhaustiva investigación en Egipto-
Por la expresión de todos, pude percibir que estábamos en aprietos, luego de tomar las respectivas decisiones, acompañé como es obvio al maestro Mu a las afueras del recinto de la señorita Saori, fue entonces cuando con palabras exactas el maestro me dijo que viniese por ustedes, que Athena los llamaba porque estábamos nuevamente ante algo complicado.

Seiya entonces cruzó rápidamente miradas con Shiryo, había estado levemente agachado hacia el pequeño Kiki, luego de restablecerse miró nuevamente a Kiki

-entonces… Saori no está en peligro, ¿verdad?-

-lo afirmó no sé cuantas veces- respondió Kiki al instante

-¿Qué esperamos aquí entonces?- dijo Hyoga -¡Debemos partir a Grecia de inmediato!-

-¡Esperen un momento!- gritó nuevamente el histérico de Thatsuki, al ver que los chicos seguidos del pequeño Kiki corrían hacia la salida

-No estamos en posición de oír tus alardeos, hay cosas más importantes, Thatsuki- espetó Seiya en la puerta de la cocina, mientras Hyoga, Shiryu y Shun  se mantenían inmóviles en el pasillo, uno de tantos de aquella mansión.

-No Seiya, antes esta mi promesa al señor Kido, me cuesta aceptarlo, pero ustedes son quienes han rescatado a la señorita desde siempre-

Seiya abrió los ojos más de lo normal ante aquel murmullo de Thatsuki, el mismo luego de dejar los utensilios de cocina de lado, y luego de pedirles a los chicos que lo siguiesen, hizo una rápida llamada telefónica.

-creo que la señorita estaría de acuerdo con que los envíe en uno de sus Jet privados-

Luego de decir aquello, y decirles que tenían exactamente 45 minutos antes de que llegara el Jet, desapareció por la puerta, yéndose hacia el pasillo del lugar.

Los chicos volvieron a cruzar vistas. Los caballeros de Bronce volverían a Grecia a una Batalla segura.




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To be continued...