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06 abril 2012

Falsa Acacia [#O2]



Acto II: Permisos, lagrimas.


Los espectros parecen estar dispersos por los alrededores, y en la aldea Rodorio que rodea al santuario han llegado rumores de que el pueblo que surte las medicinas de su pequeña clínica ha quedado incomunicado por alguna extraña razón.

El día estaba extraño, parecía estar triste, ya que el cielo estaba totalmente gris. A pesar de ello, había una fuerte luz proveniente del mismo que te daba a entender que era de día sin duda alguna, varios guardianes de los templos estaban en sus posiciones, comenzando desde la casa de Aries, hasta la casa de Piscis, hipocentro general del relato que quiero comenzar. Se dice que el caballero de esta casa posee poderes especiales, además de ser llamado el más precioso. Es una especie de combinación de una piedra preciosa digna de un Dios, con rosas, sangre y veneno. Se le ha asociado con alguien sobrio y tímido, no permite que otras personas estén a su alrededor y está sumido en una soledad que el mismo dejó sobre sus hombros. ¿Debería describirlo, verdad?, posee una tez blanquecina, que casi palidece sutilmente. Ojos de zafiro y cabello azulado, extremadamente largo y lacio, que siempre deja danzar sin ataduras o ligas que lo maltratarían.  Sin duda era tan hermoso como las rosas.

Había sido llamado hacia la cámara del patriarca, se le sería asignada una misión. Él podía fácilmente cruzar su casa e ir directo a la habitación del patriarca, lujo que pocos poseían, por no decir que solo él, ya que el camino estaba totalmente plagado de las que él llamaba sus rosas demoníacas, preciosas rosas rojas que con su aroma te hacían delirar y sus espinas te hacía perecer. Caminó entre las mismas que habían sido su única compañía durante años, y llegó de inmediato cerca del patriarca Sage.

-¡Tan pronto como siempre!- dijo el anciano postrado sobre un altar de piedra caliza, viendo como el joven caballero cruzaba la sala sin prisa, elegante y silenciosamente, haciendo repiquetear la bota de su brillante armadura dorada.

-Cuando el deber lo requiere, no debería haber nada interfiriendo- respondió al aparente cumplido Albafica, bajando su cabeza en muestra de respeto. El patriarca sonrió.

-Has escuchado los rumores en Rodorio, ¿verdad?, supuestamente algo sucedió con la ciudad que surtía en la aldea las medicinas, y han llegado una serie de rumores que indican que algo extraño sucede en la ciudad. Sospechamos de algunos espectros, ya que algunos caballeros de plata que fueron hacia allá por medicina, sintieron un extraño cosmos dormido- comenzó a relatar el pope

-¿Dormido?-

-Parece estar neutro, no ha afectado a nadie, pero creemos que no falta mucho antes de que comience a hacerlo-

-Se me encomienda entonces esa investigación, ¿no es así?- dijo Albafica dando media vuelta para comenzar con todo de inmediato, apresurando su andar.

-La pequeña Athenea ha escuchado todo, y pide que por favor regreses con vida-

Piscis se detuvo en seco, con sus ojos cerrados, luego de unos cuantos segundos continuó su camino sin decir nada, esa era su gélida manera de decir que todo estaría bien. Salió del recinto divagando en todo, pensando en aquella niña de ojos bonitos y tristes que había visto hacía unos días antes.

No es que estuviese husmeando en las habitaciones de la sala del patriarca, lo que en realidad sucedió es lo siguiente: la pequeña niña, que había llegado solo hacían unos pocos meses traída en manos de uno de sus camaradas Sisifo, caballero de oro de Sagitario, parecía no habituarse aun a la atmosfera del santuario en Atenas, ella era la reencarnación de la diosa ojos de lechuza para aquel tiempo, pero parecía ser una carga de enormes proporciones para tan delicada florecita.

La misma aunque no se quejaba, tenía siempre ese dejo de tristeza en sus ojos, oyó entonces, en una amena y fastidiosa conversación que Albafica llevaba con Manigoldo, santo de cáncer, que si las cosas seguían como iban, acabarían pereciendo… eso pareció destrozarla por completo.

-¿morirán por mi culpa?- espetó con fuerza la pequeña niña que estuvo escondida tras una puerta por algunos minutos, hasta que claro, se sobresaltó. Ambos santos dieron media vuelta, encontrándose con la pequeña Sasha ahí, aterrada.

-¡No es a eso a lo que nos referíamos!, no seas llorona- inquirió Manigoldo, tan áspero como siempre, también preocupado por las lagrimas que parecía iba a soltar la pequeña niñita

-P-pero…-

-¿qué has oído exactamente?- masculló Albafica, inexpresivo con sus ojos sobre ella

-“Como las cosas sigan así, moriremos, Athena quizás así lo quiera”- repitió la niña –Yo no…- alzó su mirada -¡Yo no quiero eso!- exclamó al límite

Ambos sonrieron ante la acotación de la niña

-¡Eres pequeña aun!, pronto lo entenderás- espetó Manigoldo juguetonamente, halando un precioso y corto cabello de la niña, cual niño travieso metiéndose con su mejor amiga

-¿qué he de entender?- susurró ella, limpiándose las lagrimas con su antebrazo

-Que las Diosas no lloran por sus camaradas que morirían a gusto por su ideal- soltó Albafica, con tono de voz de sermón –eso sería una falta de respeto hacia nosotros mismos, sería un insulto, si tanto te preocupamos, no derrames ni una lágrima ni te entristezcas-

Sasha, la pequeña Athena abrió sus pequeños ojos como la luna, confundida no solo por aquellas palabras, si no por el aura que desprendía aquel caballero de oro tan precioso. Albafica sonrió al recordar ese día… ese día en que supo que Kardia desapareció con Sasha y pocos días más tarde apareció con ella, más decidida a ser Athena que nunca. ¿Qué clase de cosa les habrá sucedido para ese cambio tan drástico de elección? Él había leído a través de las lagrimas de cristales de esa pequeña niña que repugnaba el hecho de ser la diosa de la guerra que defendería a la humanidad, ¿Qué habrá sucedido entonces?, además de ello, el mismo regresó ardiendo su corazón, aun está ahí, debatiendo entre la vida y la muerte, se supone que su corazón arde a tales magnitudes solo si llega a su límite, la pequeña Sasha ha de estar preocupada. Degel de Acuario, cuyo don es la magia con las bajas temperaturas es el único que puede resolver el incendio en el centro de vida del caballero escorpión.

Vaya que era irónico, pero solo quedaba rezarles a los Dioses.

El por su parte, debía terminar con su misión.

El pueblo estaba a unos dos días caminando sin detenerse, y a un día si iba en auto, quizás podría encontrar a uno de los leñadores que llevaban leña en dicho pueblo, quizás, podrían llevarlo con ellos por una buena paga. Eso era mejor que caminar y tardar tanto. Suspirando, se encaminó hacia el campo de rosas escondido en una parte olvidada del santuario, ahí se había criado y había estado con su maestro Lugonis, hasta que este murió. Los recuerdos a  veces lo amordazaban en las noches frías en que volvían entre sueños, solía despertar bañado en sudor y suplicando el tener a alguien a un lado, pero claro está que era un secreto, y era algo imposible, ese anhelo era algo que trataba de olvidar.

Era un guerrero y esas cosas eran inútiles.


Falsa Acacia [#O1]


Acto I: Toxicidad

Me dijeron que el veneno a veces podía ser una suerte, ¿Qué clase de persona creería eso? Una enferma, claro está. Nadie ha comprendido nunca lo que sería ser nocivo para otro, aunque muchos le rehúyan a otras, nadie ha intentado siquiera entender qué demonios sería el no poder acercarte a nadie. Ser tú el que huye, el que no admitiría ni una pequeña caricia de algún insecto. Me disculpo de antemano por maldecir, es que este tema suele hacerme enojar en ocasiones, las personas tienen el mal hábito de crearse fantasías estúpidas y escribir dramas dignos de alguna novela caballeresca que ya nadie quiere leer. Los chismes son la peor plaga entre la lengua de la humanidad. Pero lastimosamente, este relato que quiero mencionar no es ningún chisme, si bien se que quizás terminará cual drama estereotípico, no quisiera enfocarme en ello si no en los lazos de sangre que pueden haber entre una persona y otra.

La sangre es la viva imagen de muchas cosas, psicológicamente hablando, para unos simboliza vida y para otros la muerte. A algunos les da asco y a otros los maravilla, muchos artistas la toman como principal pilar, grotescas escenas o quizás alguna colorida representación de una ferviente y sangrienta batalla… sea como sea la situación, simboliza mucho tipo de emociones y lazos casi invisibles que son más fuertes que cualquier otra cosa.

Una rosa, las rosas son hermosas y ancestrales.

También marcan sentimientos y los mezclan. Una rosa para el amor de tu vida al que amarás por siempre, otra rosa para el amor de tu vida que se irá tres metros bajo tierra. Pocos entienden el verdadero significado; o la verdadera esencia de un rosal que impregna de perfume kilómetros y kilómetros. Yo diría que las rosas pudieron haber aparecido luego del desangramiento del alma de algún Dios desconsolado por amor, y de ello deriva su mítico e irreversible papel.

¿Y qué me dirías del veneno? ¡Ese que ha ayudado a muchos héroes enamorados! A Romeo marcándole su fin con Julieta o a algún bandido cediendo su vida al diablo suicidándose, veneno celestial, nocivo y espectacular.


Veneno, mezclado con sangre y rosas, tú serás el pilar principal de esta historia.



Disclaimer: Basado en la obra de Masami Kurumada &  Shiori Teshirogi, Saint Seiya The Lost Canvas. Hay personajes que no son de mi invención, si no que le pertenecen a los anteriormente mencionados, respeta los derechos de autor, es cuestión de honor. 

01 octubre 2011

Hoy


*

Este fue uno de esos días en los que es inevitable pensar que sucedería si todo fuese distinto, el no entrenar, no tener problemas, solo lo ha llevado al borde de la depresión, y suena bastante irónico, ya que a pesar de estar rodeado de quienes necesita, estar en donde debe y merece, no parece ser suficiente. El destino puede ser juguetón, increíblemente inesperado y puede que hasta odiado.

Pero no hay nada más palpable y cierto que el mismo. Y si, aunque muchos digan que el mismo no existe, lo que en realidad sucede es que nadie sabe qué significa en realidad. Nadie se da cuenta que la vida es tan justa, que cuando nos estrellamos contra algún capricho, las heridas nos las hacemos nosotros mismos.

¿Puede existir un dolor invisible?, está claro que de hablar de algo así es como hablar de los sonidos del silencio, es hablar de una realidad surrealista, es encerrarse en un circulo vicioso de verdades, mentiras, posibilidades, frustraciones y negaciones mezcladas con una alta concentración. Es tan absurdo,complejo, ¡Estúpido!.

¿De que serviría ahora maldecir? ¿De que serviría entonces arrepentirse? ¡Quejarse! ¡Por todos los cielos!, es solo la muestra de que no eres capaz de hacer nada, de que todo da igual ya, y que simplemente las peleas triunfadas se igualan a las perdidas solo por una razón; impotencia. 

Todo se vuelve tan... superfluo, se divide a si mismo para sumarse más 10000 y sin más ni más, se multiplica por cero en un rápido escape de opción. Que cobardía. 

Entonces hoy, es el día en el que se dio cuenta, vivió en una mentira. En que todos los problemas, y las razones de depresión son una mentira creada por si mismo. Qué no había razón... hasta aquellos segundos.

¡Aquellos precisos, hermosos y endemoniados segundos!

Oh, ¡Por todos los dioses! ¡Por todas las tempestades creadas por caprichos de Zeus!, lo que en realidad sucedía era que la extrañaba, que la necesitaba, de una manera desesperada... inexplicable, ridícula e infantil. Necesitaba tanto saber donde estaba, cruzar frases con ella, entender porque razón parecía ser un antídoto que necesitaba.

Quería volver a abrazarla, protegerla, demostrarle que sus lagrimas habían sido mucho más que alentadoras, que le quemaron la piel, que cada una de sus palabras fueron elixir, que cada uno de sus murmullos droga y su presencia simplemente única. Que fue un remolino de emociones claramente ignorados por miedo, por confusión, por idiotez extrema.

Entonces hoy es el día, en que se dió cuenta que más que sacrificio, su vida parecerá solo una ilusión como siga así, consumiéndose en esa distancia, en esa única verdad que no quería aceptar.






18 septiembre 2011

Arayashiki : Introducción



Lágrimas de estrellas;

Era llamado Gautama, era un ser pulcro que jamás había conocido el hambre, la tristeza o el dolor. Toda su vida la había pasado en un hermoso hogar, sin tener contacto con el mundo, debido a sus nobles y adinerado padres. Era tal la inocencia de él, que jamás conoció lo que era la tristeza, dolor, angustia, muerte o vejez.

Enterado de que existía un mundo más allá de sus cuatros y elegantes paredes, un día le notificó a su padre sus deseos por conocer el mundo, este a regañadientes accedió, no sin antes hacer lo posible por que las calles de su ciudad estuviesen desiertas para no mostrarle el dolor o tristezas que eran propios de la plebe de su ciudad.

A pesar de las miles de piruetas creadas por su padre y sirviente que lo acompañaba, Gautama escrudiñó el mundo exterior, saboreando una amarga verdad; existían cosas horribles, tales como: la enfermedad, la vejez y la muerte.

Contundido e impresionado por dicho descubrimiento, días después de su aventura se tornó en alguien sombrío, no dejaba de darle vueltas al asunto, ¿Por qué si se supone que estamos en búsqueda de felicidad y somos merecedores de la misma, existen cosas tan horribles acechando?

Convencido de que debía encontrar dicha respuesta a como dé lugar, repitió su hazaña por segunda vez, pisando tierras propias del exterior de su enorme hogar. Esta vez, se topó con un monje, practicaba ascetismo, e impresionado por su apacible forma de ser, decidió adoptar dicha condición, viviendo algunos años como mendigo.

Gautama entendió poco tiempo después que lo que en realidad deseaba era conocer las verdades del universo, cuáles eran las razones de que existiesen cosas como las enfermedades, vejez ó muerte, así que decidido a encontrarlo, con 29 años de edad, decide partir dejando todo atrás, esposa hijos, bienes materiales y sueños de hombre joven, todo por su ideal.

*

La India es un país pobre, es el segundo país más habitado del mundo, y el séptimo más extenso. A pesar de sus luchas culturales, es un país multilingüe y multiétnico, lo que se debe a la excesiva población que posee. Cabría resaltar que padece de problemas de pobreza, analfabetismo, pandemias y malnutrición, a pesar de ello, me atrevería a decir que posee al ser humano más sensible que pueda existir.

Dejando de parte burlas hacia la ‘inocencia’ de los hindúes debido a su respeto a la naturaleza (como aquella costumbre que muchos comentan sobre que no se comen a las vacas por ser sagradas) es un país milenario que encierra miles y miles de leyendas en un sinfín de parajes turísticos sencillamente exquisitos. Es la clara evidencia de la santidad, poder espiritual y su manejo con el mundo, es un país indomable, que al igual que Japón… posee un alma indomable, cual ave fénix en todo su apogeo.

Ese era el epicentro de aquel vivaz relato que quiero mencionar, en el interior de un recinto budista, un grupo de monjes se encontraba sentados, bajo el humo del santo incienso y el silencio improvisado, con sus cabezas rapadas y atuendos sencillos.

Estaban meditando, mientras una niña vestida con un hermoso vestido de muselina de color uva corría entre ellos, murmurando una dulce y desafinada canción.

Uno de los monjes, que anteriormente había intentado concentrarse en su meditación, abrió los ojos velozmente al percatarse de las desafinadas entonaciones, completamente apenado, y advirtiendo las posturas de consternación de sus compañeros.

Se levantó del suelo, pidiendo mentalmente disculpas a Buda, mirando a los lados para localizar a la traviesa niñita que le habían encargado. La niña sin siquiera sentir que los demás querían sacarla de ahí continuaba completamente feliz.

-¡Santa, por todos los cielos!- murmuró para sí mismo el monje, que en un movimiento ágil, tomó la manita de la niña cuando esta pasó cerca de él. Inmediatamente salió de la sala sagrada, frente el enorme buda de granito, yendo directo hacia los jardines.

Entre el olor a santidad, y la atmosfera tranquila solo se escuchaban los cantos de la niña, que no paró de cantar ni cuando el monje la soltó en el centro del jardín, a la luz de la luna, exhalando un sinfín de sermones y típicas normas de cortesía.

-¡Santa!, ¿Qué acaso no oyes lo que te digo?- sentenció por última vez aquel ya resignado hombre, la niñita que poseía unos cinco años, se detuvo en seco, dándole la espalda. Miró sus manitas cubiertas por un par de guantes de seda blanca, y luego llevó sus ojos al cielo.

-El tío dijo que solo faltaban tres días- espetó admirando  las tinieblas que parecían estar espolvoreadas por polvo mágico de color plateado –y aunque él ya no esté conmigo ahora, está feliz de que este día haya llegado- finalizó bajando su cabeza, dejando flotar los rizos de su cabellera castaña. Sus ojos por un instante brillaron inexpresivos. Apretó sus pequeños puños, volviendo a saltar, como deseando no llorar, espantando miedos por medio de sus divertidos movimientos.

El monje quedó completamente mudo por unos instantes, estaba al tanto de que había perdido a su única familia hacía ya una semana, lo impresionante era la fortaleza que tenía dicha niña, y su implacable energía.
Entonces sin saber que hacer, dejó que la niña continuase saltando, cantando una canción que hasta en el instante en que agudizó su oído entendió

“¡Vendrá de entre los hombres, aquel que con fuerzas humanas, torrenciales  palabras, y sagrado destino!, cuidará de la verdad única e interior, y de la fuerza de Dios en la tierra… ¡lo hará ese día, en que Perseo llore de felicidad!”

¿Qué clase de  canción era esa? No parecía algo que haya escuchado en una radio de la ciudad. El monje miró curioso a la niña por unos segundos más

-¿Perseo llorará de felicidad?- inquirió el monje, lo suficientemente alto como para intentar procurar la atención de la niña

-Oh, Wataru, ¿qué acaso mi tío no te lo comentó?- dijo la niña mirando fijamente al monje, al momento en que dio media vuelta luego de oír su pregunta

-pues, no recuerdo nada referido a eso en alguna conversación- dijo el monje

-¡Es por la lluvia de perseidas!- dijo la niña señalando el cielo nocturno. El monje reflexionó en que quizás la niña se refería a aquel espectáculo hermoso que era propio de Grecia. La lluvia de perseidas era una ‘pequeña lluvia’ que venía desde dicha constelación, y que solo se distingue en todo su apogeo y belleza desde la cuna de los dioses griegos.

No era tan descabellada su idea si recordaba que estaban en pleno agosto. Santa era griega de nacimiento y su tío también, quizás aquella era la razón de la euforia. Un relámpago arañó las tinieblas con un destello enorme de luz por unos segundos, seguido de un estruendoso sonido.

Si, había olvidado comentar que el espectáculo solo se admira desde la tierra de Zeus, desde los otros rincones del mundo solo se ven destellos de luz y relámpagos.

La niña señaló hacia el cielo

-¡Perseo llora!- exclamó, el monje soltó un suspiro acercándose a la niña. Se agachó para llegar hasta su altura lentamente, mientras ella se volvía hacia él

-Santa, linda, ya es muy tarde, ¿no deberías ir a dormir?- le dijo, la niña negó con la cabeza, virando su cabeza hacia el cielo

-Perseo llora aun- murmuró

Al monje se le partía el alma al siquiera pensar que aquella era la manera en que la pequeña niña solo intentaba desahogar sus penas, su manera de no entender al mundo. Esta, que por unos momentos estuvo inmóvil, miró hacia una enorme reja de metal que se encontraba en la esquina izquierda del jardín, y sin más ni más, echó a correr ansiosamente.

Aquel hombre, completamente confundido la siguió, notando como la misma se detuvo frente a la reja. Sin saber por qué, al ver la escena de la niña, y recordando la letra de la canción, advirtió de que todo parecía provenir de alguna profecía griega. ¿Cómo lo sabía? Ni siquiera el mismo se lo imaginaba, era solo la certeza de que así era.

Llegó junto a la niña, y se percató de que esta levantó su manita señalando un grupo de perros que estaban alrededor de un bulto

-¡Abre las rejas!- gritó horrorizada -¡Abre las puertas ya mismo! ¡Rápido! ¡Rápido!-

-¡Cálmate niña!, es peligroso salir tan tarde tan solo a ver un par de perros que bien podrían tener rabia-
La chiquilla ignoró las palabras del monje, atravesando los enormes barrotes de hierro, decidida a salir como a de lugar, una vez afuera, comenzó a acercarse al grupo de animales nauseabundos.

El hombre escandalizado llamó a un par de guardias, abrieron la puerta lo más rápido que pudieron, mientras el monje salía disparado hacia la niña con una velocidad que solo anunciaba lo preocupado que estaba.

La niña se acercó a los animales, que extrañamente al verla, se hicieron hacia un lado, entonces ella se fue al suelo, yéndose junto al bulto, que resultó ser un niño de quizás su misma edad. Estaba herido, y con mordeduras de animales en sus brazos, quizás como se encontraba inconsciente y sus heridas estaban infectadas, aquellos animales solo esperaban devorarlo.

El monje al llegar junto a la niña que se encontraba manchando su vestido de muselina de color uva con el nauseabundo suelo de pavimento, junto al niño quedó completamente atónito.


Y así, de entre los hombres, 
aparecerá aquel elegido desde el cielo, 
el que cuidará del poder de Dios en la tierra, 
y con torrenciales palabras y sagrado destino, 
llorará lagrimas de estrellas junto a Perseo

05 septiembre 2011

La exclamación de Atenea


La exclamación de Atenea

Luz tenue, piedra caliza por doquier, bañada con el celestial y cálido cosmos de la imponente Atenea.

“Shaka … ¿Shaka?” murmuraba una oscura voz, oscura, pero comprensiva, digna eufonía celestial proveniente de mas allá de los 5 sentidos habituales. Retumbaba alrededor mientras una delgada y dorada figura de un niño yacía sentada frente a una estatua de Buda. Buda que aguarda a cualquier ola errática de cosmos chispeante de poder plateado. Buda que aunque era un Dios, no brillaba con la misma intensidad que los cabellos dorados de aquel niño, de Shaka ahí, observando sin ojos terrenales sus penas.

“¿Por qué estás tan triste?” continuó la voz, susurraba a Shaka “A pesar de sólo poseer 6 años, te sientas ahí día tras día… ¿Qué es lo que te apena tanto?”

-es que los he visto otra vez- repuso Shaka en un murmullo que fue pronunciado mas allá de sus mismísimos finos y pequeños labios con voz de terciopelo –Muchos cuerpos flotando a la orilla de río Ganges, a la orilla del mismo- dio una pausa aspirando una bocanada de oxigeno –Muchos peregrinos provenientes de cada rincón de la India, allí rezaban y se bañaban…-

Una pausada pero pendenciera brisa se paseó por el lugar, arañando las mejillas de Shaka con su cabellera de oro brillante, procurando un par de segundos mudos

-al verles allí- continuó Shaka concentrado, su voz parecía entrecortarse –me pareció percibir, que más que celebrar a la vida… celebraban la muerte-

El contraluz de aquel día que agonizaba para darle paso a la sigilosa noche hacía brillar la piedra caliza del enorme buda, hacía brillar la blanca piel de Shaka, que permanecía inmóvil, en su letargo singular en contacto puro con el universo.

-¿Por qué?- se lamentó -¿Por qué he nacido en este país tan pobre? ¡En este país agonizante!, en donde está claro que el único punto de llegada, es la certeza de morir, ¿qué acaso solo nacemos para padecer dolor y derramar lágrimas?-

“¿Por eso estás triste?”

-¡Por supuesto!... ¿Quién desea una vida tan llena de tristeza?- murmuró Shaka

“Te equivocas” sentenció aquella voz “Donde hay tristeza, hay alegría… y viceversa… Las hermosas flores nacen solo para acabar marchitándose, en este mundo… todo está sometido al cambio constante, siempre incomprensible para unos, siempre en movimiento, y lo mismo se establece cual ley irreversible en la vida humana”

-Pero, si al final del camino solo nos aguarda la muerte… entonces… ¿¡No es la tristeza lo que ahoga nuestras vidas!?- exclamó exasperado Shaka –Por mucho que usemos nuestras fuerzas oponiéndonos al dolor y al sufrimiento… en una búsqueda absoluta del amor y la felicidad, ¿no queda todo eso reducido a la nada debido a la muerte?-

Un par de lágrimas cristalinas, puras y exquisitamente saladas bajaron por las tostadas mejillas del niño Shaka, creando interminables surcos en su piel.

-Si ese es el caso… ¿Por qué nacemos en este mundo?, en el que no podemos desafiar algo tan absoluto y eterno como la muerte- continuó en su lamento

“Shaka… ¿acaso lo has olvidado?”

-¿olvidado?- cuestionó el niño

“Eso…”

(…)

¿Sabes cuantos pétalos de cerezos pueden caer de un árbol de sakura en un par de soplidos de  viento? Esa pregunta me la he hecho muchas veces divisándolos caer con tanta gracia y armonía con su entorno. Como brillan como si fuesen un pedacito de magia efímera.

En este instante oportuno brillan junto a cuatro cosmos en su lustroso apogeo, Shaka tiene 20 años ahora, y con su despampanante armadura de virgo de oro, protege a la Diosa Atenea con su mismísima vida.

Con sus ojos cerrados, ha recordado aquella conversación que tuvo cuando niño.

-Eso…- murmura.

Camus, caballero de Acuario, Saga de Géminis y Shura de Capricornio son sus adversarios inmediatos en aquella carrera contra Hades. Shaka no puede evitar sentirse decepcionado por aquellos compañeros de lucha que eran ciervos leales a Atenea… ahora se dejaron cegar por el avaricioso deseo de vida eterna, ahora estaban peleando con él; se habían convertido en pecadores, y cederían su orgullo de caballero.

La cuestión de aquellos minutos era una simple, pero dolorosa; Shaka era invencible a menos que usasen  aquello llamado “la exclamación de Atenea”. Una técnica prohibida desde tiempos ancestrales, debido a su fuerza, fuerza comparada con el llamado “Big Bam” supuesto creador del universo.

Shaka poco a poco, con su poder irreductible, clara certeza de que era lo más próximo a un Dios entre los guerreros de Atenea, les hizo perder varios de sus sentidos a sus tres adversarios, que entre su encrucijada por morir o matar a Atenea, decidieron practicar la técnica prohibida

-Eso es lo que quieres, ¿verdad, Shaka?- Exclamó Saga, -¡Lo haremos!, ¡Te aniquilaremos con la exclamación de Atenea!-

-Qué bueno que lo comprendiesen- dijo Shaka aun con sus ojos cerrados como de costumbre –Pero ya es un poco tarde, así que, ¡Espero que el último golpe venga hacia a mí antes de que les arrebate sus últimos sentidos!-   

Y en un movimiento veloz, Shaka con su aura resplandeciente, se preparó al ataque, mientras aquellos tres caballeros guardianes de oro que alguna vez fueron sus compañeros, llamaron a la exclamación de atenea, aquella práctica prohibida.

Abrió sus ojos celestiales, llevando más fuerza a su ataque y a su fé inquebrantable, saboreando la única verdad que recordó desde aquella vez

(…)

“Shaka… ¿acaso lo has olvidado?”

-¿olvidado?- cuestionó el niño

“La muerte no es el final de todo, la muerte no es más que otra transformación”
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Dato Curioso; El río Ganges es el primer río mas sagrado en la India, y es el primer río más contaminado en el mundo.

Texto Inspirado en la Saga Saint Seiya, de Masami Kurumada, en el Capítulo 09 de la Saga Hades, llamado "El fin del Orgullo".